En paralelo a la inestabilidad democrática y a la violencia aplicada por las fuerzas represivas del Estado desde fines de la década de los sesenta, los artistas de aquellos años emparejaron sus objetivos con gran parte de los movimientos políticos revolucionarios, e intentaron expresarse no ya con las clásicas herramientas artísticassino más bien tomando como medios la gráfica, el afiche callejero, la acción performática y la fotografía. Estas estrategias, a partir de las cuales se buscaba la inclusión de los lenguajes urbanos y políticos (junto con sus discursos) al universo del arte, tuvieron un momento emblemático en la obra “Proceso a nuestra realidad” (también conocida como “Ezeiza es Trelew”). Un grupo conformado por Perla Benveniste, Juan Carlos Romero, Luis Pazos, Eduardo Leonetti y Edgardo Vigo se presentó al Premio Acrílicos Paolini, que sucedió en la antigua sede del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, con un muro de 7 mts construido con ladrillos de hormigón y sobre el cual pegaron afiches recordando a los caídos en los fusilamientos de Trelew de aquel año y a la violenta represión de la derecha peronista en Ezeiza. A esto sumaron consignas escritas con aerosol como “Ezeiza es Trelew” o “Apoyo a los leales. Amasijo a los traidores” y alentaron a los espectadores a seguir escribiendo en ese muro que parecía haber venido directamente de la calle para interrumpir el clima apacible del resto de las obras presentadas. En un tono similar, y como parte de esa misma generación de artistas politizados, una obra como “Violencia” de Romero repiensa la disciplina del grabado a partir del impacto discursivo de la gráfica política, y una obra como “Transformaciones de masas en vivo” de Luis Pazos conjuga las aglomeraciones de personas en manifestaciones con coreografías creando agrupamientos de cuerpos fuertemente simbólicos o dramáticos para el contexto.