Pocas veces es posible rastrear tan vívidamente los objetivos de un artista, como en esta primera muestra individual de Mary Guindalha, que agrupa los cinco últimos años de su producción; pocas veces, también, ese rastreo evidencia una actitud tan lúcida y una consecuencia tan total con esos propósitos, alcanzados en etapas maduras, exhaustivas, llevadas a sus últimas consecuencias.
A pesar de las mutaciones que esa trayectoria experimenta, la imagen que define el último cuadro de Mary Giuindalha puede encontrarse también en el primero; no importa que la exasperación de las formas alcance por momentos los niveles de la combustión, para replegarse en otros a inusitados ordenamientos interiores; el movimiento pendular no hace otra cosa que evidenciar la existencia del péndulo. Lo importante, pienso, es la coherencia última que esa búsqueda demuestra, la voluntad de forma que trasciende esa imaginería aparentemente caótica y alucinante. Y la riqueza de una capacidad inventiva que se afirma en una nueva realidad en una nueva relación de las cosas que la habitan, definiéndola.
OSIRIS CHIERICO
Texto del folleto de la exposición Mary Guindalha: óleos.