El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires reúne en esta muestra medio centenar de objetos ejecutados recientemente por artistas argentinos.
Ni pinturas ni esculturas, ni dadá ni pop (pese a las lamentaciones de los críticos), estos productos porteños, tan pronto lógicos como arbitrarios; algunos tristes, otros desopilantes; exaltación de lo siniestro, lo cursi o lo cruel; espectáculos objetivos o excitantes subjetivos, tienen en común tres dimensiones físicas y el sello de una actitud explosiva. Cada cual explota como se le antoja.
Hay algo en ellos de “basta ya” y “vamos a ver qué pasa”. Si después no pasa nada, la culpa será de los artistas. Y si pasa, lo mismo la culpa será de los artistas. Ellos sienten mejor que nosotros la humedad, la polilla, los políticos, los fracasos y los grandes premios del lugar donde viven. No podemos medirlos con el metro de platino a cuatro grados que se conserva en el Observatorio de París. Tan peligroso es pedirles explicaciones como pedir pan los maderos de San Juan. Ustedes ya lo saben: no les dan. Y si piden queso les dan hueso y les cortan el pescuezo.
Hugo Parpagnoli
Buenos Aires, noviembre de 1964.
Texto del folleto de la exposición Objetos 64.