Hay pintores que hacen ostentación de “estar de vuelta” y logran causar cierto asombro provisional en los que penosamente, con fatigas, están de ida. Hay, por el contrario, otros, que no temen confesarlo: no están de vuelta de las cosas, “sobradamente” instalados en la precaria pero brillante seguridad del día, sino que avanzan volviendo, para procurar encontrar la luz de la que un día partieron. Y es así como vuelve Barragán, en busca del impulso original a cuyo mandato obedeció su destino de pintor. Es un largo y difícil camino de regreso hacia la inocencia. Un camino especialmente peligroso, que Barragán emprende con sobria pero decidida energía. Pues recuperar la inocencia no consiste en reproducir la infancia, en repetirla. Por el camino no ha de perderse la persona que tras el espejismo de la niñez: se trata de reconciliar la experiencia con la gracia, no de un simple borrón y cuenta nueva –por repetida, ya vieja-, tan imposible como indeseable. El impulso de ese viaje de regreso es la nostalgia. Esa nostalgia de "una plenitud gozosa y dolorosa” a la vez, de la que hablara Nietzsche y que Heidegger ilumina ahora con tembloroso lenguaje, surgido de una memoria cruzada de resplandores, en la que la presencia de las cosas se alza ante nosotros no como una valla, sino como una infinita ilimitada hermandad de cuanto existe.
Y para recuperar los ojos milagrosos de la infancia hay que irse despojándose de las facilidades adquiridas, de la academia o de la receta del día. Y tratar de recordar el gesto que en la niñez daba vida a la mancha, a la línea, al dédalo poblado de misteriosas claridades, de rituales significaciones, de plenitud.
Desde aquel Premio Único en el Primer Concurso Anual de la Sociedad Hebraica Argentina que le fuera conseguido en me 948 hasta esta muestra barragán avanza de regreso destruyendo en el camino sin violencia pero con fuerza todas reservas de seducción las muertas y perfecta geometrías los acordes de color previstos las formas que halagan al entendido.
Arias aristas unas veces en las rectas imprecisos rebordes en las curvas negros castigados violación los azulados reclamados asépticos planes cubiertos de Rojo sangre de coágulos bajo la los cuales se transparentan tono sombríos cientos color río de La Plata un barca amarilla mojada verde como un pedazo de algo abandonada