exposición

Ricardo Dagá

10 de octubre - 22 de octubre, 1960

ricardo dagá

Dos conceptos básicos se disputas el terreno de la creación escultórica: el de la escultura como peso, y el de la escultura como espacio.

Por tradicional, cuenta la primera con el apoyo de los grandes genios griegos y del Renacimiento en los que prima el concepto de masa y la emoción háptica; la escultura espacial comenzaría estrictamente con Pevsner y Gabo a partir del manifiesto constructivista.

Escultor de masa sigue siendo Brancusi y lo es Moore aunque horade sus bloques en una feliz conjugación espacial; su acento sigue estando en la masa; el aire que penetra es una visita a diferencia de Gabo donde adquiere condición de huésped.

Es a esta primera tendencia a la que adscribo las realizaciones del joven Dagá. Su obra, honesto es decirlo, acusa aún la huella del maestro; a nadie puede escapar la presencia de nuestro Baddi, pero no se trata aquí de marcar filiaciones evidentes sino de legitimarlas en la medida de lo que esta obra encierra de propia, lo que para mí tiene contornos de evidencia.

Los grandes artistas son aquellos que acusan a los grandes maestros, contra los que ostentan su desafiliación como un rasgo de orgullo. Tan sólo que debemos recalcar el abismo que separa la condición de discípulo de la del imitador servil.

El Dante prefiere iniciar su viaje de la mano del “suo maestro”, su voz crece al nombrarlo al ilustre capuano. La grandeza no se acordaba de la guía de los grandes; la búsqueda de la originalidad, como la búsqueda de la felicidad son los engañosos espejismos que persigue una mente superficial. La originalidad, como la felicidad, deben darse por añadidura, y jamás deben preocupar al hombre cuya empresa es buscar el Reino de Dios, su yo, su autenticidad, su verdad; si la búsqueda es profunda encontrará muchos puntos de coincidencia, se sentirá tentado de firmar muchos pensamientos que lo han precedido; deberá incurrir en muchas repeticiones; en su revivicencia de lo dicho afirmará su propia personalidad; y Dagá con todas sus reminiscencias ostenta una personalidad.

Deber del espectador es descubrirla ahora, más adelante será demasiado fácil; descubrirla ya, con lo que habrá enriquecido la propia.

Rafael Squirru
Director del Museo de Arte Moderno de Bs. As.

Texto del catálogo de la exposición Ricardo Dagá.
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