La microteoría de la Argentina reclama modificarse.
Al “parece que no pasa nada pero pasa”, es preciso retrucarle: “hay que querer ser ciego para seguir ignorando lo que aquí pasa”. Aldo Franceschini, que prefiere que lo llamen Aldo pertenece al campo de lo que nos está pasando. Tiene quince años, peligrosa carta de presentación en el mundo del arte, es hijo de una gran artista Rosario Moreno, más peligroso todavía; pero Aldo se sobrepone a estas vallas poco menos que infranqueables y con un salto de garrocha nos dice su personalidad. Ni tiene quince años, ni es ya “hijo” de nadie, su parentesco y su misión ya no son “de este mundo”. Aldo es ya una persona, con su mundo, sus problemas, su propio hálito vital. Su trabajo no pide ser juzgado en base a su precocidad, ni a su estirpe artística; cada uno puede despacharse a gusto frente a su obra porque es autónoma y está lanzada a la arena del juicio con el desparpajo de un torero. Que los años añadirán sabiduría... Lo deseamos, pero lo que aquí nos reclama, es un aquí y ahora (a lo Martino), es la alarmante condición de lo anímico, del que se construye percatado ya de su atman, que otros mueren ancianos sin haber llegado percibir.
Nos pasan cosas, Aldo es algo que nos está pasando. El Museo de Arte Moderno atento a lo que nos pasa toma la responsabilidad de acompañarlo en su audaz aventura.
RAFAEL SQUIRRU Director del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.
Texto del folleto de la exposición Aldo.