Esta exposición quiere acentuar el vínculo que existe entre los pintores argentinos que se han dedicado especialmente a la interpretación de la singular belleza de su país, y nuestra comunidad en Argentina que hereda la simpatía que tradicionalmente sienten los británicos por la naturaleza.
Hudson, tan inglés en su amor por la soledad compartida con los elementos naturales, representa esta sensibilidad, quizás la más profunda de todas nuestras características nacionales; y es testigo que en esto no somos tan isleños. Se trata de una simpatía con la tierra misma que no limita ni el tiempo ni el sitio: así sus experiencias en la pampa y en Patagonia hicieron de Hudson uno de los grandes “filósofos de la naturaleza”; y el valor de sus pensamientos perdura a pesar de un siglo de cambios.
Y por otra parte las obras de los artistas criollos ejemplifican el amor y orgullo que inspira en el espíritu argentino esta tierra paradójicamente y a veces amargamente encantadora.
La paradoja en la naturaleza argentina se extiende hasta las orillas de la ciudad. El suburbio, que en cualquier otra ciudad significa la monotonía misma, en Buenos Aires tiene en su fortuita mezcla de campo y calle una gracia incongrua: no es casualidad que el tango argentino sea casi la única música verdaderamente popular que de la vida del suburbio en el cual nació construye algo auténtico.
Pero es paradójica sobre todo en su más típico aspecto: la pampa. Es fácil rendirse al drama de las montañas y los lagos del extremo norte y sur: el encanto de las enormes tierras planas con su horizonte disminuído resulta algo más sútil y más sorprendente. Es un mundo duro, de líneas no interrumpidas; sus pocos elementos reconocibles hacen tanto más grande por contraste su escala gigantesca, que ha de ser compartida para conocerla, y que atrae tanto a la imaginación como a la vista, como contemplar las olas o las estrellas.
Este diseño mas allá de lo visto fué captado por Hudson, cuya imaginación simpatizó con los animales, las plantas, las mismas rocas; y la simpatía del pintor para los colores y las formas que lo rodean llevan al mismo fin, de recrear el sentido de belleza que así descubre. Son interpretaciones en el arte de una fórmula que igualmente se manifiesta en la vida: en el hombre de campo cuyos instintos presienten el anochecer, y en la imaginación de quienquiera que puede compartir las imágenes o las palabras del artista: la fórmula de Hombre más Naturaleza.
C.E.W.
Texto del folleto de la exposición La naturaleza argentina en el arte: homenaje a W. E. Hudson en el 150° aniversario de la Revolución.