exposición

Olga López

16 de mayo, 1960

La sabiduría quizá tenga algo que ver con el tiempo, pero de ser así no será con el tiempo cronométrico de los relojes ni de la edad de las personas. Olga López tiene apenas veintidós años y me atrevo a decir que se trata de una pintora cuya obra trasunta sabiduría. En lo “formal” porque tiene un conocimiento profundo de los materiales que maneja, alcanzando un tecnicismo por momentos preciosistas; en lo “informal” porque su problemática revela la madurez de un espíritu que se inserta con naturalidad en el centro del misterio mismo.

La palabra "naturalidad" expresa bien la pintura y la persona de Olga López; si quisiésemos ser más zen budistas debiéramos decir espontaneidad.  Mientras el ignorante se atormenta atosigándose de datos y preceptos en lo ético, de fórmulas y prejuicios en lo estético, el mundo de Olga López, por oposición, fluye espontáneamente en sus telas, sin otra pretensión que la de la existencia misma. Aquí hay un “yo soy” presente, que no puede pasar inadvertido a cualquier otro “yo soy” que se enfrenta con él.

Es una linda lección para nuestro medio y para nuestra época, la que nos brinda esta casi adolescente artista, cuya pintura tiene el sabor de lo milenario, de lo ancestral.

Si la sabiduría está fuera del tiempo el sabio también lo está. La pintura de Olga López es un feliz Camino para alejarse de las banalidades del mundo.

Rafael F. Squirru
Director del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires

Texto del folleto de la exposición Olga López.

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