LA SOCIEDAD ARGENTINA DE ARTISTAS PLASTICOS ha puesto en marcha, con esta exposición, una iniciativa loable; la de realizar en forma permanente, a partir de este instante, exposiciones de escultura al aire libre. Es necesario saludar sin reservas este propósito. La escultura es, dentro del panorama de nuestras artes, una relegada Cenicienta, y la pintura, como se sabe, la niña predilecta de la casa. Se habla de pintura, se exhibe pintura, se hacen concursos de pintura, se vende y se compra pintura. Por cada exposición de escultura que se realiza se hacen no menos de cien de pintura. Y tal vez muchísimo más. No he investigado la cuestión. Las raíces originarias de esta realidad no están, ya lo sé, en una antojadiza determinación de estas o aquellas gentes. Hay causas de diverso orden que determinan este hecho. Una es la carestía del material con que trabaja el escultor; otra, la dificultad de mover, de trasladar las obras; otra, la falta de educación de las gentes en la estimación de la escultura y otra, vinculada con esta misma causa, la capacidad congénita de la naturaleza humana, tal vez, de percibir, de gustar con mayor facilidad, el color que la forma. Pero este es un problema de psicología en el que se nos dispensará, por el momento, de entrar. El hecho es que la escultura no pasa de ser entre nosotros, insistimos, la Cenicienta de las artes.
Y, sin embargo, nuestra escultura no carece de méritos parangonables a los méritos evidentes de nuestra pintura. Ha vivido, como nuestra pintura, el mismo desarrollo evolutivo desde las concepciones tradicionales de fines del siglo pasado hasta las más actuales, y mucho ha caminado, desde el realismo casi documental de Correa Morales y la concepción estatuaria, de reminiscencias a veces renacentistas y otras rodinianas, de Rogelio Yrurtia, hasta la multiplicidad expresiva de Líbero Badíi, las experiencias constructivas y espaciales de ese inmarchitable espíritu creador que es Pablo Curatella Manes, las arquitecturas sólidas de Blaszko, y las aéreas estructuras de Julián Althabe. No hay en realidad experiencia, investigación o búsqueda de la escultura moderna universal que no se haya cumplido, en mayor o menor medida, con mayor o menor fortuna, entre nosotros. Aquí están para demostrarlo, así sea parcialmente, estas esculturas de un calificado grupo de artistas nuestros vinculados a las corrientes actuales, desde algunas figurativas, pero desde luego modernas, hasta las que mueven sus volúmenes, sus planos, sus líneas o sus espacios transparentes en los ámbitos de la pura invención. Están aquí los que buscan lo humano, o través de la transfiguración expresiva de las formas naturales, con una libertad conquistada en las experiencias más atrevidas de la plástica de nuestros días, están aquí los que se orientan hacia el agudo subrayado de lo estrictamente plástico en el carácter de las formas de la naturaleza, están aquí los creadores decididos de nuevas realidades, los inventores absolutos y los experimentadores de los materiales inusitados y de las posibilidades insospechadas de la técnica. No es esta exposición, desde luego, completa como panorama. Faltan aquí expresiones de algunas tendencias y no pocos nombres representativos. Pero todo eso iremos viendo a medida que el vasto ciclo de muestras que ahora se inicia se desarrolle de manera cumplida. Comprobaremos, entonces que esta Cenicienta, que es nuestra escultura, merece ser vestida y alhajada con las galas mejores y mostrada en las fiestas cuyo destino es el deslumbrante lucimiento de la belleza.
CORDOBA ITURBURU
Texto del catálogo de la exposición Exposición de escultura contemporánea al aire libre.