exposición

Fotografías Nanny Roitman: Moore

5 de mayo - 20 de mayo, 1978

Se cumplen en este año, los ochenta desde el nacimiento de Henry Moore, nacido en Castleford, Yorkshire, al norte de Inglaterra. Por consenso de la crítica mundial se trata del más prestigioso escultor de nuestro tiempo.
Formado en férrea disciplina académica, Moore se desempeñó como maestro de la Real Academia de Londres, bajo la dirección de Sir Wiliam Rothenstein. Cuando uno de sus colegas amenazó renunciar si Moore permanecía en el claustro académico, dadas las características revolucionarias de su creatividad personal, Sir William le pidió: "Siga usted enseñando como lo viene haciendo hasta ahora, pero por favor procure no mostrarme sus últimas obras".
No sería exagerado atribuir a su admiración por el Chacmool de la estatuaria maya, el despunte definitivo de sus convicciones estéticas.
De esa figura apoyada, no de costado sino de espaldas, derivó su concepto de la fuerza, como distinta de la gracia que prima en la obra del clasicismo heleno.
El arte para Moore representa a través de todas las épocas la tensión entre esta doble sensibilidad entre lo que podríamos llamar "la línea dura" y la "línea blanda".
Si escapa al constructivismo es por considerarlo demasiado próximo a la arquitectura. Para él, la escultura debe crear organismos completos en sí mismos; debe tener vida propia.
Antes de parecer arrancada de un bloque más grande, debe hacer sentir al observador que contiene su propia fuerza orgánica que se expande hacia afuera, y que si cumple esa condición, estará viva y será expansiva, pareciendo aún mayor que el bloque de piedra o de madera desde la cual emerge.
Debe dar la impresión de haber crecido orgánicamente desde una presión interior. En tal sentido conviene recordar a Brancusi, evitando excrecencias que oscurezcan la pureza de la forma.
Las exigencias de este formalismo que de ningún modo excluye las riquezas de la expresividad, pueden sintetizarse en: Fidelidad al material. Conciencia de tridimensionalidad y Observación atenta de la naturaleza. De las que derivarán: Visión y expresión, y la Vitalidad del poder de la expresión.
Entre belleza y poder de expresión, elige la segunda, pues considera que mientras la primera se dirige a complacer los sentidos, la segunda apunta a una vitalidad espiritual que va más lejos.
Auténtico Humanista, lector empedernido de Hardy y de D. H. Lawrence, admirador de Miguel Ángel y de Donatello, Henry Moore es el ejemplo de una vida que alcanza la perennidad a través de una obra que manteniéndose unida a los mejor de la tradición escultórica de todos los tiempos, le agrega la dimensión de una nueva conciencia.


Rafael Squirru.
Buenos Aires, 1978.

Texto del catálogo de la exposición Fotografías Nanny Roitman: Moore.
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