Para un aries no hay medias tintas. Todo es fuego. De él se desprenden emanaciones penetrantes como si fuera aguardiente, grapa, pisco, tequila. Su YO QUIERO brota por doquier. Su mente es la causa, el principio descabellado o no, pero es el origen de las cosas. Obra a su antojo, va demasiado aprisa. Para transitar por su destino necesita imprevistos. Aunque sienta nostalgias afirma estar en forma y hasta podría demostrarlo. Su voluntad es suprema, intransigente. En fin, es el duro entre los duros. Frontal en su acción. No le teme al futuro, vive cada día al máximo. Es el primero en formarse una impresión sobre un hecho desordenado, su reacción puede ser la de todos y se da cuenta del posible defecto, pero no siempre sabe expresarlo. Es una inteligencia instintiva que puede llegar a ser superior aunque jamás racional. Un aries tampoco será un amargado, soporta bien la desilusión, se obstinará y dirá que la culpa la tienen los demás. Se le podrá criticar muchas cosas, pero debilidad y desidia nunca. Si tuviera que elegir entre el dinero y la gloria, seguramente se quedará con esto último. Construir y destruir parecería su misión, pero no claudica jamás. Por eso hablar de TOMAS ABAL, artista, plástico, creador y ARIANO a la vez, es haber logrado en un solo hombre una conjunción de energía, acción, destreza y arte hacia una meta superior, como su CARTA NATAL lo revela.
Astrólogo WAFEMAN
Buenos Aires – Argentina - julio de 1976
Texto del catálogo de la exposición Tomás Abal.