Comentario
Señalar que Susana Foldes se aleja hasta el Norte del país para pintar allá paisajes y gentes no implica encasillarla sino sencillamente apuntar una preferencia.
Escribo estas palabras sin haber visto los cuadros que presentará en esta muestra, pero es como si los hubiera visto puesto que algo creo conocer a ella y, en su caso, conocerla es también conocer su pintura: nerviosa, vital, tal vez algo impetuosa, cuando pinta es como si se pintara, como si se retratara en cualquier rincón del Altiplano o apareciera en alguna modesta vendedora de artesanías. Porque no pinta sino aquello que la conmueve, esa anécdota con la cual se entreteje su ser, al que puede que necesite ver transmutado en imagen, quizás para ir conociéndose, largo aprendizaje que no nos alcanza la vida para completarlo. Como su pintura no es descriptiva ni de paisajes ni de personajes, alguna vez me he preguntado por qué necesita distanciarse tanto de este Buenos Aires donde reside para recién pintar, hallando como respuesta que realiza ese movimiento de acercarse y alejarse, similar al que emplean los conocedores para apreciar un cuadro, buscando en su caso el punto justo desde donde observar su propia personalidad.
Entre los muchos méritos que corresponden destacar en la pintura de Susana Foldes, uno nada desdeñable es el que se haya apartado saludablemente tanto del folklorismo como del pintoresquismo, determinando esa actitud que sus interpretaciones del Norte, sin eludir la referencia al lugar, sean al mismo tiempo interpretaciones que pueden corresponder a gran parte de América, puesto que características humanas así como paisajes no se dividen por el tajo político de una frontera. Ese es su estilo que lo tiene y no podría no poseerlo ya que quien se vuelca totalmente en sus obras se expresa en su profundidad de ser, acordándole a esa expresión el carácter de único y también irrepetible que el hombre tiene.
Ernesto Ramallo
Texto del catálogo de la exposición S. Foldes.