SILVIA OCAMPO
Silvia Ocampo siente la pintura como un hecho viviente. Este hecho viviente clarifica la problemática que la apasiona: la liberación de la mujer, en un diálogo entre lo "femenino' y lo "masculino", en su cotidianidad, en su trascendencia humana.
Silvia Ocampo no está hecha para halagos ni remilgos del pincel. Se enfrenta en cada uno de sus cuadros con un firme propósito, pinta a la mujer como "objeto erótico", o como "bámbola", y no menos vibrantemente en "Las pintoras'.
A ese fin, su actitud de artista se funda en el símbolo significante, con el que quiere atacar y fustigar, y si odia tantas convenciones condenables, es porque ama su contrario.
Importa aquí, reconocida la importancia de su temática en el plano de la nueva figuración y al margen de sus sentimientos reivindicatorios, muy atendibles por cierto, su pasión por la pintura, esa alianza de fauvismo y expresionismo que la caracteriza -sea en los óleos El menú, Los pájaros, La entrega o El candado.
Importa en Silvia Ocampo su dramatismo de buena ley, su valentía crítica, y básicamente, los excelentes trozos que logra de pintura. Así, el uso directo o matizado de la materia, su dibujo incisivo, la forma dada por la acentuación del tono; la justa vivencia de un rojo, un azul, un amarillo y otros colores elaborados en la paleta, que poseen una energía contrastante en la expresiva composición y la exaltan plásticamente.
Romualdo Brughetti
Texto del catálogo de la exposición Silvia Ocampo: pinturas - 1976.