Mediante una visión que aparentemente no transfigura la realidad de las cosas del mundo o apenas -levemente, delicadamente- transfigura esa realidad, y los recursos de una organización del cuadro y una técnica ajustadas a las concepciones tradicionales de la pintura, es posible, sin duda, crear climas de bella irrealidad, ámbitos de misteriosa sugestión poética. Lo han demostrado de modo memorable no sólo algunos clásicos de inolvidables etapas del arte sino asimismo, en nuestro tiempo, los maestros adscriptos a ese realismo mágico, de felices Hallazgos, de cierto surrealismo como el de Dalí, Magritte y Delvaux. Algo de esto ocurre, sin duda alguna, con estas pinturas exhibidas por Deli Paccosi. Un oficio excelente, adquirido a través de severas disciplinas y la dirección inteligente de inmejorables maestros, le permiten resolver, con impecable ajuste, los problemas de calificación representativa de las cosas, de equilibrada ordenación de los elementos de sus composiciones y de felices armonizaciones o contrastaciones de sus tonos. Si la realidad del mundo fuera capaz de experimentar sensaciones no se sentiría seguramente adulterada frente a estas representaciones de sus apariencias. Pero, no obstante esto, los fragmentos del mundo que nos muestran los óleos de Deli Paccosi se hallan animados por un espíritu que les proporciona una fisonomía de sugestiva irrealidad. Obediente a una imperiosa exigencia de revelación poética esa irrealidad fluye, como un claro discurso, de las sutiles simplificaciones de que inviste a sus formas, de la misteriosa amplitud de sus espacios y de la sensible selección de sus colores, ricos de sabrosas y delicadas matizaciones.
Deli Paccosi nunca se ha propuesto, seguramente, sorprender al contemplador con inesperadas originalidades. Pero le ha bastado ser, como quería Cézanne, una aprendiz modesta de su oficio y fiel, además, a sus intransferibles dictados interiores para lograr ese desiderátum de todo verdadero artista que es la originalidad, una originalidad recatada, sin estrépito.
Abril de 1976.
Córdova Iturburu
De la Academia Nacional de Bellas Artes
Texto del catálogo de la exposición Delia Paccosi.