PABLO DE ROBERTIS, ESCULTOR
Sabemos, desde luego, que un escultor no se improvisa; si alguno aparece súbitamente lo lógico es buscar las causas de esa aparición con visos de intempestiva. Pocos casos -si alguno- he conocido en la escultura como el de Pablo De Robertis, de quien vi, con un año de diferencia, obras que no guardaban relación alguna con las que me había mostrado cuando por primera vez tuve noticias de sus trabajos. Entre las tallas directas en madera que había conocido y los cementos posteriores, la diferencia era tan marcada que en realidad no cabía el cotejo por tratarse de magnitudes incomparables entre sí, no sólo en cuanto calidad sino -y muy principalmente- con respecto a la ambición manifestada en unos y otros trabajos. Correspondía preguntarse cómo era que surgía escultor este buen señor, así, como de la noche a la mañana.. Sin embargo, no se trataba de milagro alguno; Pablo De Robertis había estado cerca del arte desde siempre, pintando primero, modelando luego, alerta en todos los casos, estudiando y, fundamentalmente, viviendo con intensidad, viendo y no sólo mirando, y sobre todo sintiendo. De tal modo, fue incorporando vivencias hondas en lejanos leprosarios o recorriendo los museos del mundo, en aquéllos frente al rostro más crudo de la miseria y el dolor y, en éstos, junto a la realidad irreal del arte. En todas partes no como mero espectador y, menos todavía, como turista superficial, sino como un ser que se conmueve hondamente, tanto como para que esas imágenes, y el contenido humano de ellas, quedaran retenidas en su sensibilidad, fijas, grabadas para siempre. Esa fue su formación. Su Gran Libro, el vivir. Puede que haya pensado que tomar en cuenta al hombre es tomarse en cuenta y, también, que tempranamente advirtiera que una cultura se cimenta con el fondo del alma, y no con su sobrehaz. Todo cuanto sea ajeno a ese punto de partida es cosa de laboratorio: erudición y no cultura.
En la más íntima interioridad de Pablo De Robertis se gestaba lentamente el artista que iba olvidando las anécdotas para quedarse con las esencias, y tampoco recordaba los planteos formales de los egipcios ni de los griegos ni de los romanos, ansioso por afirmar sus propios planteos para la escultura, la suya, la que le correspondía ya, a que le correspondía por provenir de su sentimiento de la forma.
Este escultor inicia sus formulaciones ambiciosas con proposiciones totémicas; no el tótem africano, no el canadiense ni el de parte alguna sino el suyo, el que encuentra cuando busca la forma plena, sólida, erecta y monumental, de una complejidad aparentemente sencilla, como la del ciprés. Desarrolla esa idea y, como cabe en todo desarrollo, va introduciendo paulatinas modificaciones dictadas por su intuición -es un intuitivo, como lo es todo artista- hasta componer una forma escultórica de dimensiones inusuales, puesto que tiene más de 4 metros de altura. Conviene recordar que tal tamaño implica una necesidad arquitectónica, un atender al equilibrio real de los elementos de masas que se empleen y a las posibilidades de la construcción; son leyes de la materia que imponen relaciones y proporciones para obtener estabilidad. Esa enorme forma, como todas las que ha creado últimamente, fue construida con cemento directo, esto es, sin enmienda posible de cualquier error y con la impronta urgida por el fraguado de la materia. Pasó luego a la composición de grandes paneles con relieves, entre los cuales un "Homenaje a Picasso" alcanza un llamativo nivel de calidad.
En sus creaciones más recientes reune, casi en todos los casos, a tres personajes. Es la familia, pero en cuanto anécdota, la única es la ternura. Creo recordar que alguien dijo que el escultor siempre "hace al hombre"; De Robertis hace todavía más, porque indica el tramo imprescindible de la especie. No puede sino llamar la atención la brevedad de esos periodos -meses, tal vez sólo unas semanas- en los cuales este escultor ha desarrollado planteos formales diferentes, hecho que puede explicarse no solamente por su capacidad de creación sino también por esa característica suya de trabajar sin descanso, como acuciado por recuperar todo tiempo que antes no le haya dedicado a la escultura, la que lo expresa en profundidad y le ofrece trascender, porque es artista y los que lo son se proyectan con sus obras hacia un futuro ignoto, indefinido, imprevisible, y toda obra de arte es algo así como un envío hacia la eternidad.
ERNESTO RAMALLO
Texto del catálogo de la exposición Pablo De Robertis: esculturas.