En las artes suelen ocurrir estos hechos sorprendentes: En la poesía, en las artes visuales. De pronto alguien, en un inesperado momento de su vida, a veces en plena juventud, a veces, incluso, en una edad provecta, descubre, tal vez con desconcierto, que puede realizar un poema, que puede pintar un cuadro, que puede modelar una escultura. Probablemente tembloroso de emoción, sintiendo en el espíritu esa vaguedad musical de que hablaba Schiller y que precede a la concepción de la obra, afronta la tarea misteriosamente sugerida de una realización artística. Así nace, espontánea, inesperadamente, su primera creación, a la que luego han de seguir otra y otra y muchas otras. Y en el transcurso de este itinerario que le colma las horas, que puebla de imágenes sus desvelos, que da un sentido vibrante, a su vida, va descubriendo eso que se llama la técnica y que no es, en suma, sino el hallazgo feliz del vocabulario indispensable, fatal, impuesto por a necesidad insoslayable de dar realidad visible al mundo impreciso, difuso, de sus fantasmas interiores.
Esta inefable aventura del espíritu es, precisamente, la que vivió un día en plena juventud- Roberto Floro Amoresano. Este joven artista descubrió así el rico venero de su capacidad creadora y, sin maestros, por el camino seguramente no fácil del trabajo obstinado o, mejor, apasionado, halló los expedientes, los recursos y hasta el instrumental, ajustado a sus imperiosas exigencias expresivas. Halló en una palabra, su técnica, Sus obras son hijas de ese milagro que se llama la inspiración y de ese tenaz acicate que se llama el trabajo. Pero la inspiración y el trabajo no bastan, es sabido, para crear obras de arte. Son necesarias, además, otras facultades. Se llaman, esas facultades, sensibilidad, gusto, fantasía, sentido de las formas y de los colores, instinto de la armonía, del orden musical y presencia, asimismo, de ciertas imposiciones del misterio, esas que sugieren al artista sus climas sugestivos, sus ámbitos enigmáticos, sus inexplicables resonancias en los otros espíritus, Porque el arte está hecho de realidades visibles e invisibles, de elementos ponderables, accesibles a los sentidos, y de imponderables sólo accesibles a las más sutiles percepciones del espíritu.
De todo esto hay -no vacilo en afirmarlo en las finas y delicadas, en las sugestivas composiciones abstractas y no figurativas realizadas, con personales procedimientos, por este valioso artista que es Roberto Floro Amoresano.
Córdova Iturburu
De la Academia Nacional de Bellas Artes
Texto del catálogo de la exposición Roberto Floro Amoresano.