ROCCO INCARDONA
En estos dibujos, Rocco Incardona ha querido expresar algo tan inaprehensible como es una intuición de la existencia, intuición sin duda común a gran parte de la humanidad actual que se encuentra abandonada en un mundo interior sin la liberación posible. Cada obra repite obsesivamente - como era necesario el mismo cosmos: una masa amorfa suspendida en un espacio inmaculado (tanto, que ni el propio autor se atreve a mancharlo con su firma, como temiendo salir de ese mundo al que él cree pertenecer y donde se incluye, como un comparsa más, para pasar inadvertido). En esta masa el movimiento apenas es perceptible. Existe sin embargo, se trata del movimiento lento, lentísimo y sinuoso de unas vísceras, de un encéfalo, de la materia se minal. Un embrión de mano, de pie o de cabeza, intenta romper, de vez en cuando, ese tegumen invisible que envuelve su mundo. Esfuerzo inútil porque nada hay independiente; todo está fundido en esa magma flotante. A la sensación exasperante, de casi absoluta inmovilidad - y por consiguiente de atemporalidad- de esa masa, se une otra sensación aún más extraña: la de opresión del objeto que parece no poder dilatarse más que a lo largo y a lo alto, pero no a lo ancho, como si se hallara interpuesto entre dos cristales que lo comprimieran. Pero este mundo informe, que, sin duda desazonará al espectador - y quizás así lo ha pretendido su autor- está materializado con una pulcritud, una perfección y una técnica admirables. La sensación visual de unidad indisoluble está conseguida por miles, quizás millones de puntos, iguales, perfecto: átomos de la materia prima generadora del mundo cerrado, aséptico, angustiado y perfecto a la vez, que se manifiesta en esta muestra de Rocco Incardona.
Alberto Blecua P.
Barcelona 1976.