JUAN GIARDINIERI:
En jerga rica de nuestro porteñismo elocuente, Juan Giardinieri es un "fuera de serie". Imposible catalogarlo con vestigios de comodidad dentro de ninguna de las corrientes artísticas que configuran ese panorama didáctico de la pintura de nuestro siglo.
Giardinieri pertenece a todas y no pertenece a ninguna.
Asoman en sus obras elementos surrealistas, futuristas, concretos, figurativos de abstracción lírica. Pero sería errado ubicar a Giardinieri en cualquiera de esas tendencias.
Giardinieri está vivo y esa vida se le escapa por las telas como se le escapa por los poros de su piel y el brillo de sus ojos inquietos.
Homenajes los grandes maestros del arte pretérito, próximo y lejano, hablan del eclecticismo de sus gustos; de Rembrandt a Kandinsky, de Picasso A Leonardo, Giardinieri toma lo que le interesa de cada cual sin casarse con nadie.
Lo inquietante y reconfortante a la vez de su labor, es el clima de intransferible autenticidad que respira cada una de sus obras.
El más realista enfoque de Rembrandt o el más abstracto de Kandinsky denotan al igual que sus interiores y composiciones más formales, el arte aire enigmático y coruscante que anima el arte de Giardinieri.
El empaste suave, la calidad tonal, la composición en algunos casos destinada como lo quería Picasso a descolocar al espectador, dicen de ocultas urgencias de Giardinieri no tan inocentes como la que parecía subrayar la literalidad engañosa de algunos retratos.
Las transposiciones de planos son a la vez símbolo de otras transposiciones a niveles anímicos profundos.
Giardinieri se mueve en distintas dimensiones de la realidad, trastrueca, juega y sueña a la vez, como lo observa Demaría de Lewis Caroll.
Pero además Giardinieri no teme asomarse a la tragedia, atemperada por esa "dolcezza" que sin duda trajo de Messina, y que el espacio americano no ha querido destruir.
Giardinieri es un buen maestro y hacemos votos para que los degustadores del arte participen de esta rara y sutil fiesta del espíritu que sus obras nos brindan.
R. SQUIRRU
Buenos Aires, 1974.