exposición

Elena Tarasido: serie Cabo de Hornos

11 de septiembre - 30 de septiembre, 1975

ELENA TARASIDO 

No encuentro expresión más válida que la de pintura metafísica para definir la obra de Elena Tarasido. El sugestivo clima que traduce se refiere tanto a su habitar plástico (físico) como a las imponderables proyecciones espirituales de esos mismos trabajos. Es pintura pero también hay otros hechos que se proyectan más allá de la obra misma, desbordándola e invadiendo otros predios.
Esta muestra, resultante de la madurez de la artista, sintetiza cabalmente su obra anterior y pone de relieve sus mejores cualidades. Es el gran momento. La decantación expresiva se hace en Elena Tarasido lenguaje plástico y elemento significante de gran jerarquía estética. Veamos el proceso creador. Su técnica-refinada, cargada de alusiones, preñada de posibilidades está subordinada al mundo espiritual. Lo formal aparece como armazón de lo trascendental. Como en la imagen platónica del cuerpo y del alma, los elementos plásticos son expresivos por sí mismos y son, también, un indicio, una alusión de algo que está al margen de ellos mismos. Aparece, patente, un hecho físico; está latente otro que va más allá de lo físico.
Y, como toda pintura metafísica, encierra una entrañable vocación cósmica. Hay cierta ingenuidad como la que emerge de esos horizontes monocromos. Es evidente cierto surrealismo que procede tanto del clima como de los distintos elementos que pueblan esos cuadros. La ausencia presente de lo oriental y la presencia ausente de lo americano completarían algunas notas definidoras de esta pintora.
Cuando la aventura metafísica se intensifica, es como la velocidad. Si mayor, se la siente menos hasta llegar a la sensación de inmovilidad total. En lo que se refiere a la experiencia no física, se toca tierra. Coincide con lo cotidiano. Ingenuidad, asombro, magia y religión se confunden. De aquí que pueda hablarse de la presencia de lo naïf: vinculada a lo nativo en su sentido primero, al suelo o, si se quiere, tocando tierra. ¿Se quiere mayor ingenuidad que la obra de Gauguin, cargada de misticismo y de fuerza religiosa? Entre los tahitianos parece un brujo cuyo poder de exorcismo reside en su arte.
Ese brujo no tiene palabras con poderes mágicos. Usa colores y formas. Crea imágenes. Reproduce seres humanos. Es un traumaturgo de otro estilo y de distinta filiación. De allí surgieron los nabis, que se autodefinen como profetas y en quienes debemos pensar para ubicar el mundo espiritual y plástico de Elena Tarasido. ¿Cómo se define ese mundo? Al observar sus cuadros se revela de inmediato un clima que se nutre tanto de las cargas espirituales como de los elementos plásticos puros. La vivencia del espectador es estética pero también la trasciende. Allí están todas las grandes conquistas del arte contemporáneo. Simbolismo, surrealismo, abstracción, expresionismo lírico, en una síntesis de gran envergadura realizada por una pintora de raza. Y vuelvo a mi afirmación anterior: esta muestra representa el gran momento de Elena Tarasido. No sólo resume su labor anterior sino también están aquí sus mejores obras.
Estos daimon son como las visiones de Fra Angélico que lo hacían entrar en éxtasis y pintar. Proyectan su eficacia al mundo interior del hombre y hacen que la pintura pueda ser definida, como en algún momento se hizo con la poesía, como una experiencia espiritual. Es decir, en la ubicación que adopté al comienzo, como pintura metafísica.
Paralelamente, la observación de estos cuadros lleva a otro inquietante planteo: ¿Dónde está aquí lo temporal? Hasta ahora me detuve en las más cumplidas esencias. El tiempo. ¿No existe, está marginado o nos encontramos en la pura atemporalidad? También aquí coinciden dos hechos. El grafismo lleva al arabesco. La presencia de los mandala señala un simbolismo preciso. Se evidencian ángulos con un dinamismo propio. Esas formas circulares tienen un movimiento determinado que llevan a identificarlas con el reloj, la más precisa y comprometida imagen figurativa del tiempo. El mandala por excelencia. El círculo, en la cuadratura de sus horas, como origen y como fin. Los consi y los ricorsi de Vico. Y plástica y metafísica se confunden en una feliz coincidencia de historia y destino. La pintura de Elena Tarasido lo expresa cabalmente.

J. A. GARCÍA MARTÍNEZ

Texto del catálogo de la exposición Elena Tarasido: Serie Cabo de Hornos.
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