La directora del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires fue a Mar del Plata para seleccionar a estos artistas que ahora muestran sus obras en las salas de la Institución que dirige. Ellos tienen en común una visión poética de la naturaleza, la cual, por otra parte, caracteriza al arte argentino debido al notorio predominio de una tendencia que puede llamarse Realismo Poético.
PABLO De ROBERTIS, el único escultor en esta presentación, soluciona los planteos formales, nada sencillos, con admirable idoneidad y una decidida actitud que denuncia al auténtico escultor, al intuitivo tanto como al conocedor y, finalmente, al artista cuya madurez en cuanto ser puede apreciarse en la madurez de su obra. De sus temas iniciales en los que rememoraba visiones de sus visitas a leprosarios asiáticos, dirige ahora su atención a las gentes de América, siempre con la emoción trémula de estar gestando seres y no meramente formas, echando al mundo sus personajes de cemento con pulso de ternura.
MANUEL ESCUDERO pinta paisajes también cuando nos ofrece naturalezas muertas puesto que ellas son el paisaje del habitat del hombre, su entorno, sus cosas, un paisaje que compone libremente de acuerdo con sus opciones, ya que tener sillas azules en lugar de tener sillas negras determina una lección, y las elecciones nos expresan puesto que los caracterizan. Tiene su pintura algo de recato pudoroso que elude las oposiciones estridentes en el color y también las estructuras formales que pudieran parecer espectaculares o atractivas por ellas mismas, prefiriendo que los elementos de sus composiciones determinen un todo armónico, cautivante en su sencillez.
ROBERTO GALICER propone en su pintura un manejo inobjetable de la luz, a la que trae y lleva en sus composiciones sin subestimar zona alguna en el cuadro, determinando una perspectiva cromática que, guardando relación con el diseño, no establece sin embargo zonas marcadamente privilegiadas en cuanto iluminación. Coloca el color gozosamente, sensualmente, y con una decisión admirable que demuestra con evidencia su condición de colorista, puesto que compone con parejo acierto tanto las gamas altas como las bajas. Estructura con rigor y con vigor, creando atmósferas traslúcidas, cristalinas, debido a que no comete yerro alguno en la limpieza del color.
Parecería que cuando JOSE SOLLA pinta tajara la tela con el pincel, ocasionando esa tajadura la precisa determinación de las formas, envueltas en zonas de luz y reciamente geometrizadas por esa envoltura. La fuerza caracteriza sus creaciones, sin que para lograr esos resultados de evidente vigor tenga que acudir a marcadas oposiciones en los colores, prefiriendo en cambio la proposición de amplias zonas casi neutras para exaltar la gama recién en los planos más adelantados. Ambicioso de luz, hace que ella inunde sus composiciones hasta absorber el color del mar y del cielo en sus marinas que, sin embargo, son igualmente mar o cielo porque Solla es pintor y, por lo tanto, un transformador de la naturaleza.
Los paisajes prístinos de NESTOR VILLAR ERRECART trasladan al contemplador hasta la época primera de la Creación, en visión remota de un tiempo detenido en silenciosa gestación. Es un creador, y nos ofrece una versión totalmente inédita del paisaje de su Mar del Plata natal, donde el oro de las arenas yermas se torna verdoso y germinante. En sus imágenes sin anécdotas el contemplador se siente el personaje, ineludiblemente colocado en el paisaje, inmenso frente a él, y cuya soledad es la suya, la de cada uno, la que llevamos en nuestra interioridad. Domina el oficio de pintar, y es así que sus cuadros atraen -también-
por una factura excelente que le permite expresar con una sobriedad casi solemne todo cuanto quiere comunicarnos, que es mucho.
ERNESTO RAMALLO
Texto del catálogo de la exposición Villar Errecart, De Robertis, Escudero, Solla, Galicer.