CHAYO DE CHEVEZ
Aparentemente durmiendo y sin embargo latente, un trapezoide con un círculo está presente en casi toda la obra de Chayo de Chevez.
¿Pirueta petrificada, símbolo de conjunción de sexos o elemento astral? Creo que es sencillamente las tres cosas.
Pirueta petrificada porque en toda pirueta hay gracia, armonía y vitalidad.
Petrificada, sin embargo, como Imagen totémica más allá del tiempo que curiosamente se asemeja al Instrumento que maneja torpemente el Pithecantropus Erectus de 2001. Digo curiosamente puesto que Chayo no vio ese film y sin embargo este elemento-símbolo instrumental que hace posible que el hombre se convierta en Homo Sapiens subyace en la obra de esta joven aunque madura pintora.
Conjunción de sexos. La preocupación de la relación sexual también está presente en la obra de Chayo. Pero si existiera una prospectiva plástica como existe una prospectiva histórica yo podría vaticinar que esta técnica, que ahora sólo se asoma tímidamente, irá creciendo en la producción de esta artista.
Elemento astral. Chayo tiene sangre mejicana y eso es cosa seria. Así conjuga lo mejor de los dos mundos. Por una parte proyecta todo un vitalismo occidental impregnado de un voluntarismo consciente que encuentra orden Introduciendo un fondo de geometría, de quietud milenaria heredada de no sé cuál antepasado azteca. Atavismo cultural pero enriquecido con un romanticismo europeo. Y digo que Chayo es romántica en el mejor sentido de la palabra, es decir, en su afán del absoluto y de trascendencia. De ahí ese voluntarismo consciente. "Poder es hacerlo me dijo una tarde y también "todo vive, hasta una débil hoja tiene vida" exclamó temblorosamente con unción, con respeto, con frenesí. Y esa admiración por cualquier ser viviente se trasunta en sus telas. El hombre, aunque integrado en el todo único y armónico del Universo, se enseñorea sin embargo, en él despedazándolo. para luego rearreglarlo y sobre todo, para conquistarle.
Ante un mundo caótico en que nos toca vivir, el hombre es el único que puede poner cordura y orden. Pero el humanismo de Chayo de Chevez se extiende en algo mucho más promisorio. El mundo, este mundo nuestro empeñado en sucumbir, se salvará por obra y gracia de la Mujer que tiene algo que el hombre, con toda su fuerza desconoce y que es, yo creo, su capacidad de entrega. Así, pues, una de sus telas más significativas, muestra una mujer a caballo. El caballo es el símbolo de la conquista. Animal fuerte. que ha sido salvaje, que no ha sido sojuzgado sino dominado y que con su nobleza ha dado prestancia para dignificar al hombre y en este cuadro a la Mujer que redimirá al mundo. Y aquí entronca con dos tradiciones harto importantes: la religiosa en que María salva a los cristianos y la romántica en que el Eterno Femenino rescata a Fausto y su mundo de cenizas.
Entrar en el estudio de un pintor es siempre fascinante. A pesar de los años en que estoy en estos afanes detrás de ciertas puertas aún me conmueve. Sin que el artista lo note me solazo mirando, oliendo, husmeando los talleres. Realizó casi siempre una pesquisa espiritual buscando algo, algún elemento casi siempre arrinconado que es sin embargo la nota clave que inspira la obra. Sobre un viejo escritorio Chayo conserva un caballito de juguete cuyo jinete tiene el brazo roto. Deliciosa artesanía mejicana que junto con su dueña recorrió quizás sitios mundanos y sofisticados, pero está allí, simplemente como el caballito de la infancia de Gauguin que le hiciera percatarse de su siglo decrépito.
La luz de la tarde se ensecreta en el estudio. Lo último que veo es este juguete roto e inocente. Dejo a Chayo de Chevez, fuertemente tierna, rebeldemente esperanzada, entregada a su difícil doble destino. nada más y nada menos que el de pintora y el de Mujer.
SONIA MARSAL
Texto del catálogo de la exposición Chayo de Chevez.