BENJAMIN ENQUIN
El hombre de ciencia no se rige únicamente por leyes exactas de su especialidad. Hemos encontrado a un profesional de la medicina que se mueve, respira e investiga dentro de su quehacer cotidiano, pero la necesidad de evadirse hace recordarle que se llama Benjamin Enquin y que tiene vivencias, espíritu y sensibilidad que le brota por todos sus poros. Se convierte en Mago...
Investiga... Hace un proceso creativo que inicia con radiografías y como él mismo dice: por imágenes radiográficas abstractas basadas en un fenómeno óptico geométrico. El fenómeno muaré.
Hace experiencias fascinantes, recurriendo a las placas, para fijar los momentos que juzga más valiosos en este quehacer estetizante. Luego, por medio de la electrónica, el artista manipula las imágenes, las reduce a contornos, las disuelve, les da colores, ya fríos, ya cálidos, las dinamiza. Esto se convierte en su forma de expresión. Con estas creaciones da un fenómeno sorprendente, les concede un sentido estético capaz de transmitir instantáneamente al espectador una impresión de magnificencia. Traduce poéticamente su situación y su tiempo y los cambios hacia un arte nuevo. Sucesivamente el hombre cree que ha descubierto todo lo que el ojo puede ver, sólo para convencerse, a cada momento, de que hay otros mundos y otras posibilidades, merced a la sensibilidad del artista.
Las experiencias de Benjamín Enquin son instrumento formidable para estas revelaciones. Enfatizan el anhelo del hombre por hallar la verdad a través de la tecnología y alcanzar la fuente oscura y virgen de las causas.
MARTA GRINBERG
Directora
Museo de Arte Moderno
Texto del catálogo de la exposición Muaregrafías y video-arte: Benjamín Enquin.