exposición

Pedro Figari: sus dibujos

13 de abril - 7 de mayo, 1972

Texto del catálogo de la exposición

Estos dibujos de Figari, ofrecidos a la consideración pública por el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, afirman algo que cierta gente y en cierto momento negó al maestro uruguayo: su sabiduría. Para esos criterios, ya desbaratados por la justicia discriminatoria del tiempo, Figari fue un improvisador absoluto, una inspirada inocencia, a lo sumo. No le faltó por fortuna, es cierto, esa cándida frescura enamora- da, esa blanda tierra fértil en espontaneidades inesperadas donde se alimenta toda poesía; pero ese don inefable y providencial tuvo a su servicio - hecho que pareció ignorarse mucho tiempo una "ciencia del arte", como diría Kandinsky, caudalosa de experiencias estéticas, de observaciones de la naturaleza y de recursos técnicos. Si la vasta y deliciosa obra pintada por el excepcional artista no lo demostrara de manera incontrovertible al observador atento, bastaría para confirmarlo la serie fascinante de estos pequeños dibujos.
Apuntes realizados al azar de observaciones inesperadas, sobre cualquier trozo de papel, con mano apresurada y nerviosa, pero animada por el espíritu feliz que ilumina toda su obra, estas anotaciones fugaces revelan en cada una de sus líneas, en los más reducidos segmentos de esas líneas, su conocimiento profundo de las formas naturales. Ese conocimiento es el resultado de una penetración aguda en la realidad de la naturaleza lograda mediante el estudio, no diré obstinado y sistemático, sino apasionado, de quien la contempló con un amor que se revela en la emoción con que la transpuso al papel y en la palpitación extremadamente sensible, conmovida, con que su técnica se adentró, a través de toques asombrosamente reveladores, en la verdad del carácter de un contorno, de un gesto, de una actitud, de un movimiento. El dibujo no es - parece innecesario decirlo sino conocimiento de las formas, recreación de las formas sostenida por la verdad de ese conocimiento. Por eso su expresión capital, esencial, es la línea, esa síntesis suprema, esa "forma que serpentea", como escribió Leonardo.
Nuestro Figari, a quien la incomprensión motejó en algún momento de ignorar el dibujo, fue precisamente, uno de los dibujantes más admirables del arte rioplatense, o más simple y universalmente, un dibujante excepcional. Lo comprobará quien mire con detenimiento estos dibujos. El conocimiento zahori de la verdad natural, revelador y profundo, se anima en ellos con la llama de un espíritu en que se unen, entrañablemente, el humor y la gracia, el amor a los personajes de sus motivos y una enternecida socarronería de viejo criollo con un sentido rítmico de la ordenación de sus elementos que proporciona a estos apuntes una armoniosa y a menudo animada fisonomía de reducidos cuadros.

CORDOVA ITURBUR
de la Academia Nacional de Bellas Artes
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