La energía en las artes visuales es el tema incitador para este gran certamen organizado por la compañía Ítalo Argentina de Electricidad. La respuesta significativa a esta incitación la da esta serie de obras de un conjunto de artistas invitados; obras relacionadas con algunas de las tendencias más revolucionarias del arte -abstracción y no figuración- y por medio de las cuales la obra artística aspira a ser no sólo un objeto para la contemplación, sino fundamentalmente un motivo dinámico y ambientador en la realidad misma.
Por otra parte, el tema "energía" viene bien a la naturaleza íntima del arte que es, en su esencia, una expresión entrañable de esa misma energía, por tal razón el tema no puede inhibir la libre capacidad de indagación en cada artista sobre su naturaleza misteriosa. En parte dominada hoy por el hombre, y que impulsa a la tecnología más fabulosa.
Esta clara adhesión al tema propuesto, nos confirma cada vez más en este pensamiento: no son decadentes los temas; más bien debemos reconocer que hay períodos en la historia del arte que no los ven, hasta que llegan los creadores a mostrarnos, que los temas han pasado, pasan y pasarán por innumerables muertes y transfiguraciones, pero siempre ofreciendo el misterio de su constante juventud, para quien llegue a ellos con amor. ¿No es esta exposición un claro testimonio de ese pensar?
La energía expresada a través del arte se torna energía espiritual. Sí, por encima de la energía física que da fuerza a la máquina y la energía mental que anima al pensamiento, aparece, aunque muy raramente en este mundo, una enigmática energía que es capaz de transformar la realidad, esta energía espiritual tiene su fuente en la religión, la poesía y el arte; y ella es la energía más preciosa, porque es la única que da sentido trascendente a las otras.
En suma, esta exposición de pinturas, esculturas y objetos, es grandemente significativa del reto que siente el arte de este tiempo, el asumir la responsabilidad, de crear dentro de un fascinante tema con imaginación y entera libertad proyectándose así, hacia un deslumbrante mundo por venir.
Ernesto B. Rodríguez, 1971