EL AFICHE POLACO
El cartel o afiche es uno de los aspectos de las artes plásticas polacas mejor conocidos. Ha sido divulgado después de la guerra en la forma más amplia y sistemática, por canales tan distintos que escapan a la documentación científica. El mayor número de exposiciones se registró en los años 50, cuando el afiche polaco sale a la vanguardia del intercambio cultural. Para todo el mundo se convierte en un descubrimiento, en una revelación. Precisamente por esa época surge la noción de "escuela polaca", propuesta por los críticos de Occidente como abreviatura mental para distinguir los rasgos de su estilo. Las exposiciones organizadas en París, Viena, capitales de los países escandinavos, Edimburgo, en numerosas ciudades de la R.F.A. y U.S.A., y también en Moscú, Praga y Berlín, despertaron ecos favorables en la prensa y en los medios artísticos. Puede decirse, entonces, que Polonia ha sido el primer país en otorgar jerarquía artística al afiche; tanto es así que en 1968 comenzó su labor el Museo del Afiche, primera institución en el mundo consagrada a este género y, desde 1966, se celebra en Varsovia la Bienal Internacional del Afiche, con premios concedidos por un jurado también internacional.
Se pueden señalar tres momentos en la historia del afiche polaco. El primero, hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX; el segundo, después de la Segunda Guerra Mundial, y el tercero a principios de 1970. La primera etapa se caracteriza por el deseo de manifestar la soberanía espiritual del pueblo en una época de opresión y de retraso técnico. El afiche es el heraldo callejero de las inquietudes polacas, sociales, culturales y educativas. En su aspecto artístico influye un grupo llamado "Joven Polonia", de Cracovia, y afín a corrientes extranjeras como el "Art Nouveau" y el "Jugendstil", aunque siempre se mantiene lo autóctono en la gráfica callejera. La segunda etapa tuvo que superar el duro golpe asestado por la guerra. Muertos o dispersados los artistas, la base poligráfica dejó de existir. A Tadeusz Trepkowski se debe el resurgimiento de la litografía, sobresaliendo en la creación de afiches de pequeño formato pero muy legibles. Otro paso muy importante dieron Henryk Tomaszewski y Eryk Lipinski. El primero representa en la gráfica la tendencia pictórica, el gesto espontáneo, la necesidad de sublimar la proyección de los sentimientos y el derecho inquebrantable a una interpretación libre del tema. Lipinski es un destacado caricaturista que sobresale por su don de observación humorística con referencia a objetos, hombres y situaciones. Alrededor de 1950, se nota un retroceso de las formas convencionales y simbólicas, dictado por razones de didáctica social, esto es, por un excesivo realismo. La reacción no se hizo esperar y sobrevinieron años muy fructíferos para la gráfica, al amparo de las discusiones y actitudes de controversia de los grupos que, en Varsovia, Cracovia y Poznan cultivaban sistemáticamente el poster design. En el afiche se dejaron sentir los motivos expresionistas que arreciaban en la plástica con su rasgo característico: la reflexión sobre el destino del hombre.
La tercera generación ofrece una sólida destreza profesional, pensamiento sintético y deseo de personalidad. Aunque se popularizan en el país las técnicas audiovisuales y las revistas ilustradas, no decae el interés por el afiche en los centros de dirección de la propaganda masiva. Sigue en pie la costumbre de conmemorar con este medio los sucesos importantes, aniversarios y fiestas estatales. También se tiene en cuenta el motivo educador, ya que el cartel difunde en Polonia la cultura plástica en el mejor sentido de la palabra. Se amplía el círculo de los que lo encargan: compañías de óperas y operetas, orquestas filarmónicas, teatros y circos que, al confiar en los artistas, contribuyeron con su mecenazgo al surgimiento de un género totalmente desconocido del cartel de diversión. Tal movimiento artístico estimula el cambio de las reglas del afiche, que fueron adaptándose al que se operaba en las artes plásticas. Dos vectores, el emocional y el intelectual, determinaron la vía de la búsqueda y de los experimentos. El primero, formó el tipo del afiche pictórico-poético que opera con imágenes concretas y sensuales. El afiche intelectual se debe a las premisas de la pintura óptica y de las indagaciones de la teoría sobre comunicación visual. En cuanto a los años 60, se caracterizan por un amplio empleo de la fotografía, rica en variaciones técnicas.
Señalemos, para concluir con este brevísimo panorama tomado del más completo perteneciente al crítico de arte e historiador Szymon Bojko. que resultó muy importante la confrontación de las escuelas nacionales producida por la Primera Bienal Internacional del Afiche, celebrada en Varsovia en 1966. El afiche polaco mostró sus vínculos con el arte mundial pero también la fuerza del colorido local. En las Bienales Internacionales de 1968 y 1970 las tendencias universalistas no perdieron su valor, y se hizo aún más evidente el proceso de integración de las artes plásticas en el mundo. Los nuevos nombres, distinguidos por la Tercera Bienal, son una prueba de que esta disciplina sigue atrayendo a jóvenes adeptos del arte y a talentosos fotógrafos.
EL AFICHE POLACO
El cartel o afiche es uno de los aspectos de las artes plásticas polacas mejor conocidos. Ha sido divulgado después de la guerra en la forma más amplia y sistemática, por canales tan distintos que escapan a la documentación científica. El mayor número de exposiciones se registró en los años 50, cuando el afiche polaco sale a la vanguardia del intercambio cultural. Para todo el mundo se convierte en un descubrimiento, en una revelación. Precisamente por esa época surge la noción de "escuela polaca", propuesta por los críticos de Occidente como abreviatura mental para distinguir los rasgos de su estilo. Las exposiciones organizadas en París, Viena, capitales de los países escandinavos, Edimburgo, en numerosas ciudades de la R.F.A. y U.S.A., y también en Moscú, Praga y Berlín, despertaron ecos favorables en la prensa y en los medios artísticos. Puede decirse, entonces, que Polonia ha sido el primer país en otorgar jerarquía artística al afiche; tanto es así que en 1968 comenzó su labor el Museo del Afiche, primera institución en el mundo consagrada a este género y, desde 1966, se celebra en Varsovia la Bienal Internacional del Afiche, con premios concedidos por un jurado también internacional.
Se pueden señalar tres momentos en la historia del afiche polaco. El primero, hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX; el segundo, después de la Segunda Guerra Mundial, y el tercero a principios de 1970. La primera etapa se caracteriza por el deseo de manifestar la soberanía espiritual del pueblo en una época de opresión y de retraso técnico. El afiche es el heraldo callejero de las inquietudes polacas, sociales, culturales y educativas. En su aspecto artístico influye un grupo llamado "Joven Polonia", de Cracovia, y afín a corrientes extranjeras como el "Art Nouveau" y el "Jugendstil", aunque siempre se mantiene lo autóctono en la gráfica callejera. La segunda etapa tuvo que superar el duro golpe asestado por la guerra. Muertos o dispersados los artistas, la base poligráfica dejó de existir. A Tadeusz Trepkowski se debe el resurgimiento de la litografía, sobresaliendo en la creación de afiches de pequeño formato pero muy legibles. Otro paso muy importante dieron Henryk Tomaszewski y Eryk Lipinski. El primero representa en la gráfica la tendencia pictórica, el gesto espontáneo, la necesidad de sublimar la proyección de los sentimientos y el derecho inquebrantable a una interpretación libre del tema. Lipinski es un destacado caricaturista que sobresale por su don de observación humorística con referencia a objetos, hombres y situaciones. Alrededor de 1950, se nota un retroceso de las formas convencionales y simbólicas, dictado por razones de didáctica social, esto es, por un excesivo realismo. La reacción no se hizo esperar y sobrevinieron años muy fructíferos para la gráfica, al amparo de las discusiones y actitudes de controversia de los grupos que, en Varsovia, Cracovia y Poznan cultivaban sistemáticamente el poster design. En el afiche se dejaron sentir los motivos expresionistas que arreciaban en la plástica con su rasgo característico: la reflexión sobre el destino del hombre.
La tercera generación ofrece una sólida destreza profesional, pensamiento sintético y deseo de personalidad. Aunque se popularizan en el país las técnicas audiovisuales y las revistas ilustradas, no decae el interés por el afiche en los centros de dirección de la propaganda masiva. Sigue en pie la costumbre de conmemorar con este medio los sucesos importantes, aniversarios y fiestas estatales. También se tiene en cuenta el motivo educador, ya que el cartel difunde en Polonia la cultura plástica en el mejor sentido de la palabra. Se amplía el círculo de los que lo encargan: compañías de óperas y operetas, orquestas filarmónicas, teatros y circos que, al confiar en los artistas, contribuyeron con su mecenazgo al surgimiento de un género totalmente desconocido del cartel de diversión. Tal movimiento artístico estimula el cambio de las reglas del afiche, que fueron adaptándose al que se operaba en las artes plásticas. Dos vectores, el emocional y el intelectual, determinaron la vía de la búsqueda y de los experimentos. El primero, formó el tipo del afiche pictórico-poético que opera con imágenes concretas y sensuales. El afiche intelectual se debe a las premisas de la pintura óptica y de las indagaciones de la teoría sobre comunicación visual. En cuanto a los años 60, se caracterizan por un amplio empleo de la fotografía, rica en variaciones técnicas.
Señalemos, para concluir con este brevísimo panorama tomado del más completo perteneciente al crítico de arte e historiador Szymon Bojko. que resultó muy importante la confrontación de las escuelas nacionales producida por la Primera Bienal Internacional del Afiche, celebrada en Varsovia en 1966. El afiche polaco mostró sus vínculos con el arte mundial pero también la fuerza del colorido local. En las Bienales Internacionales de 1968 y 1970 las tendencias universalistas no perdieron su valor, y se hizo aún más evidente el proceso de integración de las artes plásticas en el mundo. Los nuevos nombres, distinguidos por la Tercera Bienal, son una prueba de que esta disciplina sigue atrayendo a jóvenes adeptos del arte y a talentosos fotógrafos.
EL AFICHE POLACO
El cartel o afiche es uno de los aspectos de las artes plásticas polacas mejor conocidos. Ha sido divulgado después de la guerra en la forma más amplia y sistemática, por canales tan distintos que escapan a la documentación científica. El mayor número de exposiciones se registró en los años 50, cuando el afiche polaco sale a la vanguardia del intercambio cultural. Para todo el mundo se convierte en un descubrimiento, en una revelación. Precisamente por esa época surge la noción de "escuela polaca", propuesta por los críticos de Occidente como abreviatura mental para distinguir los rasgos de su estilo. Las exposiciones organizadas en París, Viena, capitales de los países escandinavos, Edimburgo, en numerosas ciudades de la R.F.A. y U.S.A., y también en Moscú, Praga y Berlín, despertaron ecos favorables en la prensa y en los medios artísticos. Puede decirse, entonces, que Polonia ha sido el primer país en otorgar jerarquía artística al afiche; tanto es así que en 1968 comenzó su labor el Museo del Afiche, primera institución en el mundo consagrada a este género y, desde 1966, se celebra en Varsovia la Bienal Internacional del Afiche, con premios concedidos por un jurado también internacional.
Se pueden señalar tres momentos en la historia del afiche polaco. El primero, hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX; el segundo, después de la Segunda Guerra Mundial, y el tercero a principios de 1970. La primera etapa se caracteriza por el deseo de manifestar la soberanía espiritual del pueblo en una época de opresión y de retraso técnico. El afiche es el heraldo callejero de las inquietudes polacas, sociales, culturales y educativas. En su aspecto artístico influye un grupo llamado "Joven Polonia", de Cracovia, y afín a corrientes extranjeras como el "Art Nouveau" y el "Jugendstil", aunque siempre se mantiene lo autóctono en la gráfica callejera. La segunda etapa tuvo que superar el duro golpe asestado por la guerra. Muertos o dispersados los artistas, la base poligráfica dejó de existir. A Tadeusz Trepkowski se debe el resurgimiento de la litografía, sobresaliendo en la creación de afiches de pequeño formato pero muy legibles. Otro paso muy importante dieron Henryk Tomaszewski y Eryk Lipinski. El primero representa en la gráfica la tendencia pictórica, el gesto espontáneo, la necesidad de sublimar la proyección de los sentimientos y el derecho inquebrantable a una interpretación libre del tema. Lipinski es un destacado caricaturista que sobresale por su don de observación humorística con referencia a objetos, hombres y situaciones. Alrededor de 1950, se nota un retroceso de las formas convencionales y simbólicas, dictado por razones de didáctica social, esto es, por un excesivo realismo. La reacción no se hizo esperar y sobrevinieron años muy fructíferos para la gráfica, al amparo de las discusiones y actitudes de controversia de los grupos que, en Varsovia, Cracovia y Poznan cultivaban sistemáticamente el poster design. En el afiche se dejaron sentir los motivos expresionistas que arreciaban en la plástica con su rasgo característico: la reflexión sobre el destino del hombre.
La tercera generación ofrece una sólida destreza profesional, pensamiento sintético y deseo de personalidad. Aunque se popularizan en el país las técnicas audiovisuales y las revistas ilustradas, no decae el interés por el afiche en los centros de dirección de la propaganda masiva. Sigue en pie la costumbre de conmemorar con este medio los sucesos importantes, aniversarios y fiestas estatales. También se tiene en cuenta el motivo educador, ya que el cartel difunde en Polonia la cultura plástica en el mejor sentido de la palabra. Se amplía el círculo de los que lo encargan: compañías de óperas y operetas, orquestas filarmónicas, teatros y circos que, al confiar en los artistas, contribuyeron con su mecenazgo al surgimiento de un género totalmente desconocido del cartel de diversión. Tal movimiento artístico estimula el cambio de las reglas del afiche, que fueron adaptándose al que se operaba en las artes plásticas. Dos vectores, el emocional y el intelectual, determinaron la vía de la búsqueda y de los experimentos. El primero, formó el tipo del afiche pictórico-poético que opera con imágenes concretas y sensuales. El afiche intelectual se debe a las premisas de la pintura óptica y de las indagaciones de la teoría sobre comunicación visual. En cuanto a los años 60, se caracterizan por un amplio empleo de la fotografía, rica en variaciones técnicas.
Señalemos, para concluir con este brevísimo panorama tomado del más completo perteneciente al crítico de arte e historiador Szymon Bojko. que resultó muy importante la confrontación de las escuelas nacionales producida por la Primera Bienal Internacional del Afiche, celebrada en Varsovia en 1966. El afiche polaco mostró sus vínculos con el arte mundial pero también la fuerza del colorido local. En las Bienales Internacionales de 1968 y 1970 las tendencias universalistas no perdieron su valor, y se hizo aún más evidente el proceso de integración de las artes plásticas en el mundo. Los nuevos nombres, distinguidos por la Tercera Bienal, son una prueba de que esta disciplina sigue atrayendo a jóvenes adeptos del arte y a talentosos fotógrafos.
Autor anónimo
Texto del catálogo de la exposición Afiches polacos: teatro, ópera, conciertos.