Desafío a Luis Castelo a permanecer fiel a su lema: “únicamente servir a la pintura”. A esa pintura liberada de la representación y de todos los compromisos técnicos (las diversas academias vanguardistas), políticos (de la política artística y de la otra), económicos (vivir del “cliente”) y estéticos (ceder al deleite) que son las principales tentaciones del pintor que usa su arte como medio para “estar al día”, para convencer a alguien, para comer y dormir confortablemente o para recoger adjetivos dulces.
No es fácil, pero es posible. Y sería interesante que entre los artistas de su generación (veintitantos años) hubiera uno que no fuera ingenuo, ni surrealista, ni pop, ni hard edge ni otra cosa que intérprete de los colores y las formas, cuya vida libre fue reconocida en nuestro tiempo y hoy corre el riesgo de ser nuevamente encarcelada.
Hugo Parpagnoli
Texto del folleto de la exposición Pinturas: Luis Miguel Castelo.