exposición

Oliveira

6 de mayo - 19 de mayo, 1965

Tal vez, bastaría para presentar estas obras de Manuel Oliveira, parafrasear a Walt Whitman: “el que toca estos cuadros, toca un hombre”. Porque Oliveira es de los que han logrado aprehender el profundo sentido testimonial del nuevo expresionismo, dando la espalda a estériles posturas estetizantes, y la cara a la necesidad exasperada de decirse gritando. Indiscutiblemente pintor, no cree sin embargo que la pintura sea una serpiente que se muerde la cola; considera intrascendente la mera experiencia pictórica, si no está vertebrada con sangre y hueso. Pero no descuida por eso la precisión de su vocabulario, que ha alcanzado en este momento de su trabajo, pienso, una madurez consecuente con sus propósitos expresivos.
Impresionan, por otra parte, los personajes que han aparecido en la dramática orquestación, predominantemente ocre y amarilla, de sus últimas obras. Personajes de indudable raíz bíblica, aunque a menudo no estén identificados; protagonistas de profecías, anunciadores de advenimientos, de catástrofes, de castigos, de nuevas prodigiosas, salmodistas que parecen repetir, en la intensa pirotecnia del color y las formas de Oliveira: “se enardeció mi corazón dentro de mí; en mi meditación se encendió fuego”. Palabras del salmo, que también servirán para definir el camino seguido por el pintor hacia su pintura.


OSIRIS CHIERICO

Texto del folleto de la exposición de Oliveira.
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